domingo, 17 de abril de 2016

El que se Pierde en Posibilidades


"Aunque le desagrade a los filósofos; la realidad no se une a lo posible en la necesidad, sino que es esta última la que se une a lo posible en la realidad. Tampoco es por falta de fuerza, al menos en el sentido ordinario, por lo que el yo se descarría en lo posible. Lo que falta es, en el fondo, la fuerza de obedecer, de someterse a la necesidad incluida en nuestro yo, a lo que puede llamarse nuestras fronteras interiores. La desgracia de un yo semejante tampoco reside en el hecho de no haber llegado a nada en este mundo, sino en no haber adquirido conciencia de sí mismo, de no haber percibido que ese yo es el suyo, un determinado preciso y, por lo tanto una necesidad. En lugar de esto, el hombre se ha perdido a sí mismo dejando que su yo se refleje imaginariamente en lo posible." 

KIERKEGAARD, Sören. Tratado de la Desesperación p. 55 Grupo Editorial Tomo

martes, 12 de abril de 2016

KIERKEGAARD, Sören; Tratado de la Desesperación



"Carecer de infinito disminuye y limita desesperadamente. Y no se trata aquí, naturalmente, más que de estrechez e indigencia morales. El mundo, por el contrario, no habla más que de indigencia intelectual o estética, o de cosas indiferentes, de las cuales siempre se ocupa mas; pues precisamente su espíritu está en dar un valor infinito a las cosas indiferentes. La reflexión de las gentes se prende siempre a nuestras pequeñas diferencias, sin preocuparse como correspondería de nuestra única necesidad (pues la espiritualidad consiste en preocuparse de ella), y por tal razón no entienden nada de esa indigencia, de esa limitación que es la pérdida del yo, perdido no porque se evapore en lo infinito, sino porque se encierra a fondo en lo finito, y porque en lugar de un yo, no deviene más que una cifra, otro ser humano más, una repetición más de un eterno cero. La limitación aquí donde se desespera, es una carencia de primitivismo o consiste en que uno se ha despojado, en que uno se ha castrado en lo espiritual." (p. 51-52)


viernes, 26 de febrero de 2016

KIERKEGAARD, Sören. Las Obras del Amor.



"Si la infatuada sagacidad, que se jacta de no dejarse engañar, tuviese razón cuando afirma que no debe creerse nada que no se vea con los ojos de la carne, entonces en lo que primeramente habría que dejar de creer sería en el amor. Y si se hiciese tal cosa, precisamente por el temor a ser engañado, ¿acaso no estaría uno engañado? Pues de seguro hay muchas maneras de ser engañado: uno puede ser engañado creyendo lo falso, pero también puede muy bien ser engañado no creyendo lo verdadero; a uno le pueden engañar las apariencias, pero también es engañado por esa apariencia de sagacidad, esa halagüeña presunción que se considera completamente asegurada contra todo engaño. 


Y ¿cuál de esos engaños es el más peligroso? ¿Qué curación será más dudosa, la de quien no ve o la del que ve y, sin embargo, no ve? ¿Qué es más difícil, despertar a uno que está dormido, o despertar a uno que, despierto, sueña que está despierto? 



¿Qué espectáculo es más lamentable: el que inmediata y absolutamente conmueve hasta el llanto, a saber, el espectáculo de quien ha sido desdichadamente engañado en el amor, o bien ese, que en cierto sentido invita a la risa, de quien se engaña a sí mismo, cuya necia presunción de no estar engañado sería ridícula y como para reírse a su costa, si en este caso la ridiculez no fuera una expresión todavía más pronunciada del pavor que constata que aquel no es merecedor de lágrimas? 



Engañarse a sí mismo en el amor es lo más espantoso que puede ocurrir, constituye una pérdida eterna, de la que no se compensa uno ni en el tiempo ni en la eternidad. Normalmente, cuando se habla de engaños en las cosas del amor, por muy varios que sean los casos, el engañado, a pesar de todo, se relaciona con el amor, y el engaño consiste solamente en que éste no estaba donde se pensaba; sin embargo, el que se engaña a sí mismo se ha excluido a sí mismo, cerrándose al amor. 



También se habla de si la vida le engañó o de si fue engañado durante su vida; pero la pérdida de quien impostoramente se engañó a sí mismo en el vivir constituye una pérdida irreparable. La eternidad puede reservar una compensación generosa incluso para aquel a quien la vida engañó a lo largo de toda su vida; mas el que se engaña a sí mismo se ha impedido él mismo la ganancia de lo eterno. Quien, precisamente a causa de su amor, resultara víctima del engaño humano, ¡oh, qué habrá, con todo y con eso, perdido en rigor, cuando en la eternidad se revele que el amor permanece y el engaño ha cesado! 



En cambio, quien –con ingenio– se engañó a sí mismo, metiéndose con sagacidad en las redes de la sensatez, ¡ay!, por más que a lo largo de toda su vida se considerara feliz en su imaginación, ¡qué no habrá perdido sin embargo cuando en la eternidad se revele que se había engañado a sí mismo! Puede que un ser humano, en la temporalidad, consiga prescindir del amor; quizá consiga que el tiempo vaya escapando sin descubrir el autoengaño; quizá consiga, cosa espantosa, permanecer en una quimera jactándose de estar en el amor; pero en la eternidad no podrá prescindir del amor, ni dejará de descubrir que desperdició todo. 



¡Qué seria es la existencia! ¡Y lo más espantoso es precisamente cuando ella, como castigo, permite al consejero de sí mismo que se aconseje, de suerte que se le permita ir viviendo, orgulloso de estar engañado, hasta que un día le sea permitido reconocer la verdad: que se engañó a sí mismo por toda la eternidad!" (p. 21 Editorial Sígueme, Salamanca 2006)

jueves, 4 de febrero de 2016

No hay Tragedia tan Grande, ni Comedia tan Bella.


"No hay tragedia tan grande
Ni comedia tan bella
El Sublime y Excelso
Vino a salvarla a ella." 

Poema sobre el Cantar
http://escritosdealvaro.blogspot.mx/2016/02/el-cantar-de-los-cantares1.html