lunes, 1 de febrero de 2016
domingo, 17 de enero de 2016
La Sociedad del Cansancio y del abatimiento Social de Leonardo Boff
La sociedad del cansancio y del abatimiento social
“Hay una discusión en todo el mundo sobre la “sociedad del cansancio”.
Ha sido formulada principalmente por un coreano que enseña filosofía en Berlín,
Byung-Chul Han, cuyo libro con el mismo título acaba de ser publicado en Brasil
(Vozes 2015). El pensamiento no siempre es claro y, algunas veces, discutible,
como cuando afirma que el “cansancio fundamental” está dotado de una capacidad
especial para “inspirar y hacer surgir el espíritu” (cf. Byung-Chul Han, p.
73). Independientemente de las teorizaciones, vivimos en una sociedad del
cansancio. En Brasil además de cansancio sufrimos un desánimo y un abatimiento
atroces.
Consideremos, en primer
lugar, la sociedad del cansancio. Ciertamente, la aceleración del
proceso histórico y la multiplicación de sonidos, de mensajes, la exageración
de estímulos y comunicaciones, especialmente por el marketing comercial, por
los teléfonos móviles con todas sus aplicaciones, la superinformación que nos
llega a través de los medios sociales, nos producen, dicen estos autores,
enfermedades neuronales: causan depresión, dificultad de atención y síndrome de
hiperactividad.
Efectivamente, llegamos al final del día
estresados y desvitalizados. No dormimos bien, estamos agotados.
A esto hay que añadir el
ritmo del productivismo neoliberal que se está imponiendo a los trabajadores en
todo el mundo, especialmente el estilo norteamericano exige de todos el mayor
rendimiento posible. Esto es la regla general también entre nosotros. Tal
exigencia desequilibra emocionalmente a las personas, generando irritabilidad y
ansiedad permanente. El número de suicidios asusta. Se resucitó, como ya
mencioné en esta columna, el dicho de la revolución del 68 del siglo pasado,
ahora radicalizado. Entonces se decía: “metro, trabajo, cama”. Ahora se
dice: “metro, trabajo,
tumba”. Es decir: enfermedades letales, pérdida del sentido de
la vida y verdaderos infartos psíquicos.
Detengámonos en Brasil.
Entre nosotros, en los últimos meses, crece un desaliento generalizado. La
campaña electoral realizada con gran virulencia verbal, acusaciones,
deformación y el hecho de que la victoria del PT no haya sido aceptada, suscitó
ánimos de venganza por parte de las oposiciones. Banderas sagradas del PT fuero
traicionadas en altísimo grado por la corrupción, generando una decepción
profunda. Tal hecho nos hizo las buenas costumbres. El lenguaje se canibalizó.
Salió del armario el prejuicio contra el nordestino y la descalificación de la
población negra. Somos cordiales también en el sentido negativo dado por Sergio
Buarque de Holanda: podemos actuar a partir del corazón lleno de rabia, de odio
y de prejuicios. Tal situación se agravó con la amenaza de impeachment a
la Presidenta Dilma, por razones discutibles.
Descubrimos el hecho, no la
teoría, de que entre nosotros existe una verdadera lucha de clases. Los
intereses de las clases acomodadas son antagónicos a los de las clases
empobrecidas. Aquellas, históricamente hegemónicas, temen la inclusión de los
pobres y la ascensión de otros sectores de la sociedad que han venido a ocupar
el lugar antes reservado solo para ellas. Hay que reconocer que somos uno de
los países más desiguales del mundo, es decir, donde campean más las
injusticias sociales, la violencia banalizada y asesinatos sin cuenta que
equivalen en número a la guerra de Irak. Y todavía tenemos centenares de
trabajadores viviendo en condiciones equivalentes a la esclavitud.
Gran parte de esos malhechores se profesan
cristianos: cristianos martirizando a otros cristianos, lo que hace del
cristianismo no una fe sino solo una creencia cultural, una irrisión y una
verdadera blasfemia.
¿Cómo salir de este
infierno humano? Nuestra democracia es solo de voto, no representa al pueblo
sino los intereses de los que financian las campañas, por eso es de fachada o,
a lo sumo, de bajísima intensidad. De arriba no hay nada que esperar pues entre
nosotros se ha consolidado un capitalismo salvaje y globalmente articulado, lo
que aborta cualquier correlación de fuerzas entre clases.
Veo una salida posible a partir de otro lugar
social, de aquellos que vienen de abajo, de la sociedad organizada y de los
movimientos sociales que poseen otro ethos y otro sueño de Brasil y del mundo.
Pero necesitan estudiar, organizarse, presionar a las clases dominantes y al
Estado patrimonialista, prepararse para eventualmente proponer una alternativa
de sociedad aún no ensayada, pero que tiene sus raíces en aquellos que en el
pasado lucharon por otro Brasil con proyecto propio. A partir de ahí formular
otro pacto social vía una constitución ecológico-social, fruto de una
constituyente inclusiva, una reforma política radical, una reforma agraria y
urbana consistentes y la implantación de un nuevo modelo de educación y de
servicios de salud. Un pueblo enfermo e ignorante nunca fundará una nueva y
posible biocivilización en los trópicos.
Tal sueño puede sacarnos del
cansancio y del desamparo social y devolvernos el ánimo necesario para
enfrentarse a las trabas de los conservadores y suscitar la esperanza bien
fundada de que nada está totalmente perdido, que tenemos una tarea histórica
que cumplir para nosotros, para nuestros descendientes y para la misma
humanidad. ¿Utopía? Sí. Como decía Oscar Wilde: «si en nuestro mapa no aparece
la utopía, no lo mires porque nos esconde lo principal». Del caos presente
deberá salir algo bueno y esperanzador, pues esta es la lección que el proceso
cosmogénico nos dio en el pasado y nos está dando en el presente. En vez de la cultura del cansancio
y del abatimiento tendremos una cultura de la esperanza y de la alegría”.
Leonardo Boff.
jueves, 14 de enero de 2016
¿Cuántos Menosprecian su Linaje Espiritual y lo Ven Pequeño ante el Linaje Meramente Humano del "Pueblo Escogido"?
¿Cuántos “cristianos” el día de hoy menosprecian su linaje espiritual y
lo ven pequeño ante el linaje meramente humano del “pueblo escogido”: ven a
Cristo como linaje de David, pero nunca como Raíz[1]; lo ven como linaje de Abraham, pero no conocen a Aquél de cuyo linaje vino
Abraham y Quién dijo “antes que Abraham fuese, Yo Soy”?[2]
Otros
conocen a Jesús el hijo de María pero no conocen a Aquel Verbo que era en el
principio con Dios y que hizo a María?[3]
Y ¿cuántos de nosotros todavía estamos en alguna de esas posiciones? ¿No es
esto conocer a Jesús solamente según la carne y no conocerlo como Él quiere ser
conocido?
El Cuerpo de Cristo necesita una Cristología sana para que se sane su
Teología, y sobre todo su vida, pero es realmente tan poco lo que se oyen estos
temas que da tristeza.
Dios permita que se susciten escuelas teológicas en abundancia donde se
traten abiertamente todos estos asuntos y el pueblo se haga responsable de
recuperar el acceso a este conocimiento que por muchos años ha quedado
circunscrito a la élite intelectual. Dios permita que tomemos la
responsabilidad de la proclamación sana de la verdadera Palabra de Dios.
Alvaro Fernández S.
miércoles, 13 de enero de 2016
De un Extremo a Otro Pero Negando de Alguna Manera con Nuestros Hechos la Vigencia de la Encarnación de Cristo
Muchas denominaciones históricas no quieren conocer otra cosa sino al
Jesús histórico y se resisten a la obra actual del Espíritu Santo, en parte por
el exceso de los que niegan toda historia y son hijos del siglo pasado, y quién
los va a culpar con los extremos a los que se ha llegado tal énfasis. Sin
embargo, seguimos “conociendo a Cristo según la carne” solamente, pero
sin relevancia actual, porque ni nosotros mismos creemos que sea posible que
Cristo encarne hoy, solamente afirmamos que el concepto es cierto, pero es sólo
una burbuja mental docética que no tiene posibilidades de encarnar, por eso hay
tan poca gente y tan poco apasionada por Cristo.
Las corrientes más conservadoras tienen como base una santidad basada en
conceptos meramente externos, humanos y con matices judaizantes y por supuesto
condenan a los que se van al otro extremo de un liberalismo radical. Ambos como
los antiguos cerintianos[1]
y otros gnósticos que se pasaban de los extremos de un querer volver a la ley
externa, un ascetismo radical a los ansiados deleites terrenales y sensuales
que era como concebían el milenio terrenal. Por supuesto todos se veían
cristianos, pero según las citas bíblicas que pusimos como base de este ensayo:
¿será creyente una persona que niega la encarnación de Jesucristo o no cree que
Jesús es el Cristo?
¿Lo que Pablo Tuvo por Basura para Ganar a Cristo, lo Vamos a Tener Nosotros por Tesoro para Perderlo?
Pablo decía:
“Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa
que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del
linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la
ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la
justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí
ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun
estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de
Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por
basura, para ganar a Cristo” [1]
La pregunta es:
¿Lo que Pablo tuvo por basura, lo vamos a tener nosotros por tesoro para
perder a Cristo?
Esos criterios meramente humanos que constituían el orgullo de
Pablo en su juventud van a sustituir a Jesucristo en nuestra vida y llegar a
significar más que Él.
¿Es esto creer que la encarnación de Jesucristo tanto histórica como
actual tiene algún valor, o realmente valen más a nuestros ojos las cosas de
este mundo?
martes, 12 de enero de 2016
¿Será qué Podemos Conocer a Jesucristo Mediante Criterios Meramente Humanos?
“…y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino
para Aquél que murió y resucitó por ellos. De manera que nosotros de aquí en
adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la
carne, ya no lo conocemos así. De modo que, si alguno está en Cristo, nueva
criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” [1]
¿Qué es conocer a Cristo según la carne, y cuál es la diferencia entre
reconocer que ha venido en carne? Quizás ayuden algunas traducciones del
versículo como la Biblia del Peregrino de Luis Alonso Schöckel que creo que es
buena porque busca más mantener la fidelidad a las ideas completas que a las
palabras, cosa que la hace más fiel al contenido que a la letra y que
dice así: “De modo que nosotros en adelante a nadie consideremos con
criterios humanos; y si un tiempo consideramos al Mesías con criterios humanos,
ahora ya no lo hacemos”.
Creo que esto nos da la pauta de lo que queremos trasmitir. Por ejemplo:
La idea de Mesías que tenía el pueblo judío tenía que ver con un
libertador de la opresión de los romanos, que reestableciera el reino judío:
“Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor,
¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a
vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola
potestad”[2]
Esta era uno de los criterios meramente humanos a los que Schöckel debe
referirse. Por supuesto, este concepto no fue tomado por Jesucristo, sino que Él
llevó el mesianismo a la altura de los criterios de Dios establecidos en las
Escrituras. “Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del
Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de
Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los
cielos.”[3]
La idea de reestablecer el reino de Israel sigue viva actualmente y es
apoyada económica y moralmente por gran parte de la iglesia cristiana, al menos
en Occidente, aunque el Señor fue tan claro en sus respuestas. ¿Será que
seguimos insistiendo en criterios meramente humanos en cuanto al mesianismo de
Cristo, y no le vamos a hacer caso a la Sagrada Escritura que nos dice: “aun
si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así”?
lunes, 11 de enero de 2016
No Podemos Negar la Historia (Universal) en el Nombre de la Historia (Fragmentaria)
Allí mismo surge el
exégeta divorciado del hermeneuta que piensa que el Verbo sólo se encuentra en
el texto y fuera de allí ya no hay lugar en la época moderna para que
Jesucristo encarne en los procesos de interpretación actuales pues “no son
canónicos”, decimos, y con esto se cierra la puerta a toda obra y matiz que el
Espíritu Santo quiera hacer y dar a la verdad actual, sin salirse de lo
Escrito, por supuesto. ¿No es este proceso descrito la negación misma de la
encarnación del Verbo de Dios en la humanidad de nuestra época? Tal vez ricos en historia de los
primeros siglos, pero pobres al negar los últimos 1800 años de la historia de la
teología y la filosofía cristianas?
¿Cómo acallar los dolores de parto que
soportó la humanidad a través de algunas de sus razas por todo este período tan
largo para que la revelación de Jesucristo se contextualizara en las culturas
griega, árabe, anglosajona, latina y relativas entre ellas la nuestra, para decir que no
sucedió otra cosa que meras “especulaciones filosóficas” en el mal sentido de
las palabras?
¿Es eso creer que Jesucristo encarna o negarlo con la excusa de
la historia “santa del primer siglo”? ¿Acaso no es el mismo Dios de nuestra
época el que la santificó y el que santifica cualquier época y templo humanos
donde Él encarna? No podemos en el nombre de la historia (fragmentaria) negar la
historia (universal). Este sobre énfasis raya en el
“historicismo” que de un tajo ha dejado al cristianismo podado de
espiritualidad y entretenido con meras fechas y datos, privándolo de la ilación
espiritual que le daría sentido real y contundencia.
En el nombre de la
fidelidad a la época de Jesucristo según la carne se puede ser infiel a la
encarnación del Hijo de Dios tanto siglos antes como después de esos
días y esto nos lleva al segundo punto enunciado tanto en la introducción como
en el título, a saber: “De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie
conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo
conocemos así.” (Continará)
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