domingo, 17 de enero de 2016

La Sociedad del Cansancio y del abatimiento Social de Leonardo Boff

La sociedad del cansancio y del abatimiento social

“Hay una discusión en todo el mundo sobre la “sociedad del cansancio”. Ha sido formulada principalmente por un coreano que enseña filosofía en Berlín, Byung-Chul Han, cuyo libro con el mismo título acaba de ser publicado en Brasil (Vozes 2015). El pensamiento no siempre es claro y, algunas veces, discutible, como cuando afirma que el “cansancio fundamental” está dotado de una capacidad especial para “inspirar y hacer surgir el espíritu” (cf. Byung-Chul Han, p. 73). Independientemente de las teorizaciones, vivimos en una sociedad del cansancio. En Brasil además de cansancio sufrimos un desánimo y un abatimiento atroces.
Consideremos, en primer lugar, la sociedad del cansancio. Ciertamente, la aceleración del proceso histórico y la multiplicación de sonidos, de mensajes, la exageración de estímulos y comunicaciones, especialmente por el marketing comercial, por los teléfonos móviles con todas sus aplicaciones, la superinformación que nos llega a través de los medios sociales, nos producen, dicen estos autores, enfermedades neuronales: causan depresión, dificultad de atención y síndrome de hiperactividad.
Efectivamente, llegamos al final del día estresados y desvitalizados. No dormimos bien, estamos agotados.
A esto hay que añadir el ritmo del productivismo neoliberal que se está imponiendo a los trabajadores en todo el mundo, especialmente el estilo norteamericano exige de todos el mayor rendimiento posible. Esto es la regla general también entre nosotros. Tal exigencia desequilibra emocionalmente a las personas, generando irritabilidad y ansiedad permanente. El número de suicidios asusta. Se resucitó, como ya mencioné en esta columna, el dicho de la revolución del 68 del siglo pasado, ahora radicalizado. Entonces se decía: “metro, trabajo, cama”. Ahora se dice: “metro, trabajo, tumba”. Es decir: enfermedades letales, pérdida del sentido de la vida y verdaderos infartos psíquicos.
Detengámonos en Brasil. Entre nosotros, en los últimos meses, crece un desaliento generalizado. La campaña electoral realizada con gran virulencia verbal, acusaciones, deformación y el hecho de que la victoria del PT no haya sido aceptada, suscitó ánimos de venganza por parte de las oposiciones. Banderas sagradas del PT fuero traicionadas en altísimo grado por la corrupción, generando una decepción profunda. Tal hecho nos hizo las buenas costumbres. El lenguaje se canibalizó. Salió del armario el prejuicio contra el nordestino y la descalificación de la población negra. Somos cordiales también en el sentido negativo dado por Sergio Buarque de Holanda: podemos actuar a partir del corazón lleno de rabia, de odio y de prejuicios. Tal situación se agravó con la amenaza de impeachment a la Presidenta Dilma, por razones discutibles.
Descubrimos el hecho, no la teoría, de que entre nosotros existe una verdadera lucha de clases. Los intereses de las clases acomodadas son antagónicos a los de las clases empobrecidas. Aquellas, históricamente hegemónicas, temen la inclusión de los pobres y la ascensión de otros sectores de la sociedad que han venido a ocupar el lugar antes reservado solo para ellas. Hay que reconocer que somos uno de los países más desiguales del mundo, es decir, donde campean más las injusticias sociales, la violencia banalizada y asesinatos sin cuenta que equivalen en número a la guerra de Irak. Y todavía tenemos centenares de trabajadores viviendo en condiciones equivalentes a la esclavitud.
Gran parte de esos malhechores se profesan cristianos: cristianos martirizando a otros cristianos, lo que hace del cristianismo no una fe sino solo una creencia cultural, una irrisión y una verdadera blasfemia.
¿Cómo salir de este infierno humano? Nuestra democracia es solo de voto, no representa al pueblo sino los intereses de los que financian las campañas, por eso es de fachada o, a lo sumo, de bajísima intensidad. De arriba no hay nada que esperar pues entre nosotros se ha consolidado un capitalismo salvaje y globalmente articulado, lo que aborta cualquier correlación de fuerzas entre clases.
Veo una salida posible a partir de otro lugar social, de aquellos que vienen de abajo, de la sociedad organizada y de los movimientos sociales que poseen otro ethos y otro sueño de Brasil y del mundo. Pero necesitan estudiar, organizarse, presionar a las clases dominantes y al Estado patrimonialista, prepararse para eventualmente proponer una alternativa de sociedad aún no ensayada, pero que tiene sus raíces en aquellos que en el pasado lucharon por otro Brasil con proyecto propio. A partir de ahí formular otro pacto social vía una constitución ecológico-social, fruto de una constituyente inclusiva, una reforma política radical, una reforma agraria y urbana consistentes y la implantación de un nuevo modelo de educación y de servicios de salud. Un pueblo enfermo e ignorante nunca fundará una nueva y posible biocivilización en los trópicos.
Tal sueño puede sacarnos del cansancio y del desamparo social y devolvernos el ánimo necesario para enfrentarse a las trabas de los conservadores y suscitar la esperanza bien fundada de que nada está totalmente perdido, que tenemos una tarea histórica que cumplir para nosotros, para nuestros descendientes y para la misma humanidad. ¿Utopía? Sí. Como decía Oscar Wilde: «si en nuestro mapa no aparece la utopía, no lo mires porque nos esconde lo principal». Del caos presente deberá salir algo bueno y esperanzador, pues esta es la lección que el proceso cosmogénico nos dio en el pasado y nos está dando en el presente. En vez de la cultura del cansancio y del abatimiento tendremos una cultura de la esperanza y de la alegría”.  

Leonardo Boff.

jueves, 14 de enero de 2016

¿Cuántos Menosprecian su Linaje Espiritual y lo Ven Pequeño ante el Linaje Meramente Humano del "Pueblo Escogido"?


¿Cuántos “cristianos” el día de hoy menosprecian su linaje espiritual y lo ven pequeño ante el linaje meramente humano del “pueblo escogido”: ven a Cristo como linaje de David, pero nunca como Raíz[1]; lo ven como linaje de Abraham, pero no conocen a Aquél de cuyo linaje vino Abraham y Quién dijo “antes que Abraham fuese, Yo Soy”?[2] 
Otros conocen a Jesús el hijo de María pero no conocen a Aquel Verbo que era en el principio con Dios y que hizo a María?[3] Y ¿cuántos de nosotros todavía estamos en alguna de esas posiciones? ¿No es esto conocer a Jesús solamente según la carne y no conocerlo como Él quiere ser conocido?

El Cuerpo de Cristo necesita una Cristología sana para que se sane su Teología, y sobre todo su vida, pero es realmente tan poco lo que se oyen estos temas que da tristeza.

Dios permita que se susciten escuelas teológicas en abundancia donde se traten abiertamente todos estos asuntos y el pueblo se haga responsable de recuperar el acceso a este conocimiento que por muchos años ha quedado circunscrito a la élite intelectual. Dios permita que tomemos la responsabilidad de la proclamación sana de la verdadera Palabra de Dios.

Alvaro Fernández S.


[1] Apocalipsis 22:16
[2] Juan 8:58
[3] Colosenses 1:15-17

miércoles, 13 de enero de 2016

De un Extremo a Otro Pero Negando de Alguna Manera con Nuestros Hechos la Vigencia de la Encarnación de Cristo



Muchas denominaciones históricas no quieren conocer otra cosa sino al Jesús histórico y se resisten a la obra actual del Espíritu Santo, en parte por el exceso de los que niegan toda historia y son hijos del siglo pasado, y quién los va a culpar con los extremos a los que se ha llegado tal énfasis. Sin embargo, seguimos “conociendo a Cristo según la carne” solamente, pero sin relevancia actual, porque ni nosotros mismos creemos que sea posible que Cristo encarne hoy, solamente afirmamos que el concepto es cierto, pero es sólo una burbuja mental docética que no tiene posibilidades de encarnar, por eso hay tan poca gente y tan poco apasionada por Cristo.

Las corrientes más conservadoras tienen como base una santidad basada en conceptos meramente externos, humanos y con matices judaizantes y por supuesto condenan a los que se van al otro extremo de un liberalismo radical. Ambos como los antiguos cerintianos[1] y otros gnósticos que se pasaban de los extremos de un querer volver a la ley externa, un ascetismo radical a los ansiados deleites terrenales y sensuales que era como concebían el milenio terrenal. Por supuesto todos se veían cristianos, pero según las citas bíblicas que pusimos como base de este ensayo: ¿será creyente una persona que niega la encarnación de Jesucristo o no cree que Jesús es el Cristo?



[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Cerintianos

¿Lo que Pablo Tuvo por Basura para Ganar a Cristo, lo Vamos a Tener Nosotros por Tesoro para Perderlo?


Pablo decía:

“Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” [1] 

La pregunta es:

¿Lo que Pablo tuvo por basura, lo vamos a tener nosotros por tesoro para perder a Cristo? 

Esos criterios meramente humanos que constituían el orgullo de Pablo en su juventud van a sustituir a Jesucristo en nuestra vida y llegar a significar más que Él.

¿Es esto creer que la encarnación de Jesucristo tanto histórica como actual tiene algún valor, o realmente valen más a nuestros ojos las cosas de este mundo?



[1] (Flp 3:4-8)

martes, 12 de enero de 2016

¿Será qué Podemos Conocer a Jesucristo Mediante Criterios Meramente Humanos?



“…y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquél que murió y resucitó por ellos. De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” [1]

¿Qué es conocer a Cristo según la carne, y cuál es la diferencia entre reconocer que ha venido en carne? Quizás ayuden algunas traducciones del versículo como la Biblia del Peregrino de Luis Alonso Schöckel que creo que es buena porque busca más mantener la fidelidad a las ideas completas que a las palabras, cosa que la hace más fiel al contenido que a la letra y que dice así: “De modo que nosotros en adelante a nadie consideremos con criterios humanos; y si un tiempo consideramos al Mesías con criterios humanos, ahora ya no lo hacemos”.

Creo que esto nos da la pauta de lo que queremos trasmitir. Por ejemplo:

La idea de Mesías que tenía el pueblo judío tenía que ver con un libertador de la opresión de los romanos, que reestableciera el reino judío: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad”[2]

Esta era uno de los criterios meramente humanos a los que Schöckel debe referirse. Por supuesto, este concepto no fue tomado por Jesucristo, sino que Él llevó el mesianismo a la altura de los criterios de Dios establecidos en las Escrituras. “Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.”[3]

La idea de reestablecer el reino de Israel sigue viva actualmente y es apoyada económica y moralmente por gran parte de la iglesia cristiana, al menos en Occidente, aunque el Señor fue tan claro en sus respuestas. ¿Será que seguimos insistiendo en criterios meramente humanos en cuanto al mesianismo de Cristo, y no le vamos a hacer caso a la Sagrada Escritura que nos dice: “aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así”?



[1] (2Co 5:15-17) RV
[2] (Hch 1:6-7)
[3] (Mat 16:16-17)

lunes, 11 de enero de 2016

No Podemos Negar la Historia (Universal) en el Nombre de la Historia (Fragmentaria)



       Allí mismo surge el exégeta divorciado del hermeneuta que piensa que el Verbo sólo se encuentra en el texto y fuera de allí ya no hay lugar en la época moderna para que Jesucristo encarne en los procesos de interpretación actuales pues “no son canónicos”, decimos, y con esto se cierra la puerta a toda obra y matiz que el Espíritu Santo quiera hacer y dar a la verdad actual, sin salirse de lo Escrito, por supuesto. ¿No es este proceso descrito la negación misma de la encarnación del Verbo de Dios en la humanidad de nuestra época? Tal vez ricos en historia de los primeros siglos, pero pobres al negar los últimos 1800 años de la historia de la teología y la filosofía cristianas?

 ¿Cómo acallar los dolores de parto que soportó la humanidad a través de algunas de sus razas por todo este período tan largo para que la revelación de Jesucristo se contextualizara en las culturas griega, árabe, anglosajona, latina y relativas entre ellas la nuestra, para decir que no sucedió otra cosa que meras “especulaciones filosóficas” en el mal sentido de las palabras? 

¿Es eso creer que Jesucristo encarna o negarlo con la excusa de la historia “santa del primer siglo”? ¿Acaso no es el mismo Dios de nuestra época el que la santificó y el que santifica cualquier época y templo humanos donde Él encarna? No podemos en el nombre de la historia (fragmentaria) negar la historia (universal). Este sobre énfasis raya en el “historicismo” que de un tajo ha dejado al cristianismo podado de espiritualidad y entretenido con meras fechas y datos, privándolo de la ilación espiritual que le daría sentido real y contundencia. 

  En el nombre de la fidelidad a la época de Jesucristo según la carne se puede ser infiel a la encarnación del Hijo de Dios tanto siglos antes como después de esos días y esto nos lleva al segundo punto enunciado tanto en la introducción como en el título, a saber: “De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así.” (Continará)