viernes, 17 de junio de 2016

"El amor al prójimo vuelve ciego al ser humano en el sentido más profundo y más noble". KIERKEGAARD

“…El prójimo es una determinación puramente espiritual. Al prójimo sólo se lo ve con los ojos cerrados o pasando por alto las diversidades. El ojo sensible siempre ve las diversidades y siempre mira a las diversidades. Por eso, la cordura terrena vocifera desde la mañana hasta la tarde: «¡Mira bien a quién amas!». ¡Ay!, si se debe amar de verdad al prójimo, entonces lo que vale es: sobre todo, no te andes con miramientos; pues sin duda tal prudencia, en orden a verificar el objeto, haría que jamás llegaras a ver al prójimo, ya que éste es cualquier ser humano, el primero el mejor, tomado completamente a ciegas. El poeta desprecia la ceguera vidente de la prudencia sabihonda, la cual enseña que hay que mirar bien a quién se ama. Él nos enseña que el amor nos vuelve ciegos; el amante, según la opinión del poeta, de una manera misteriosa e inexplicable, encontrará su objeto o se enamorará, y así se volverá ciego de amor, ciego para cualquier defecto, cualquier imperfección en el amado, ciego para todo lo que no sea este amado, aunque, con todo, no ciego para ver que este es el único en el mundo entero. Siendo así, la pasión amorosa vuelve ciego de seguro a un ser humano, pero además le vuelve un escrupuloso vidente para que no tome a ningún otro ser humano por ese único, con lo que le vuelve ciego respecto de ese amado, en la medida en que le enseña a hacer una diferencia enorme entre ese único y todos los demás seres humanos. Por el contrario, el amor al prójimo vuelve ciego a un ser humano en el sentido más profundo y más noble y más bienaventurado, de suerte que ame ciegamente a cada ser humano, tanto como el amante ama al amado.”[1]





[1] Pag. 95

lunes, 13 de junio de 2016

"Quien ... Ama al Prójimo, Ama... a su Enemigo" Sören Kierkegaard, Las Obras del Amor

"Quien de verdad ama al prójimo, ama también en consecuencia a su enemigo. Esta diferencia, «amigo o enemigo», es una diferencia en el objeto del amor; sin embargo, el amor al prójimo tiene justo un objeto sin diferencias. El prójimo es la completamente incognoscible diversidad entre ser humano y ser humano, o bien es la eterna igualdad ante Dios. Esta igualdad también la posee el enemigo. Se piensa que a un ser humano le es imposible amar a su enemigo, ¡ay!, pues a los enemigos no se les quiere ni ver. Pues bien, ahora cierra los ojos; de esta manera el enemigo se asemejará por completo al prójimo. Cierra los ojos y acuérdate del mandamiento de que tú has de amar. De este modo estás amando a tu enemigo; mejor dicho, de esta manera estás amando al prójimo, pues que es tu enemigo es claro que no lo ves. Porque al cerrar los ojos ya no ves las diversidades de la vida terrena, y la enemistad es también una de las diversidades de la vida terrena. Y, al cerrar los ojos, tu mente no se distrae ni perturba, conforme vas prestando oídos a las palabras del mandamiento. Y cuando tu mente no se perturbe ni se distraiga contemplando el objeto de tu amor y la diversidad del objeto, entonces serás todo oídos para las palabras del mandamiento, como si única y exclusivamente te hablaran a ti, diciéndote que «tú» has de amar al prójimo. Fíjate: entonces estarás en el camino de la perfección de amar al prójimo, cuando tus ojos estén cerrados y tú te hayas vuelto todo oídos para el mandamiento."[1]






[1] P. 94-95

sábado, 11 de junio de 2016

¿Será Posible que la Ciencia se Torne Dogmática?

Hay veces que la metodología particular de alguna ciencia quiere imponerse como criterio de validación de otra y al no dar esta última la medida del sistema de valoración de la primera, es descartada o menospreciada en base a ello. Cada ciencia tiene su contexto, su metodología y su objeto de estudio particular. Si en el camino pierde el sentido y la ubicación del campo de su observación particular y mal aplica la experimentación analizando elementos ajenos a su esfera de acción, se ha alejado de lo científico para entrar en la especulación, pues utiliza anteojos ajenos a la materia que examina. Por ejemplo cuando trata de encajonar la metafísica en un tubo de ensayo, la historia en una probeta o la filosofía en un matraz, o bien se olvida que, aunque exactas las matemáticas hasta donde se conocen, siempre conservarán el misterio de los números primos, lo ilimitado de las secuencias de números tanto positivos como negativos, lo que escondía y sigue escondiendo el sistema binario que tantas sorpresas nos viene dando especialmente estos dos últimos siglos, y el mismo símbolo del infinito que deja pasmado y sin el control de la exactitud visible al observador… entonces es cuando el científico pierde su capacidad de asombro y entra en el sistema que cree saberlo todo y se pone a etiquetar otros campos que no le incumben y los clasifica con términos de su ciencia particular y los subordina a su metodología perdiendo con ello su postura original que lo hizo un verdadero científico observador y se convierte en alguien incapaz de aprender más, pues tiene la sensación de ya haber llegado al conocimiento total, y entonces empieza a imponer a los demás su sistema de etiquetas que todos deben creer, los vela con términos altisonantes irreconocibles para el pueblo; y su teoría, pues no está comprobada por la metodología de la disciplina que analiza, se vuelve imposición y dogma, y mucho peor si se lo encuentra algún sistema educativo caduco que ande por allí no hallando que enseñar,  lo imprime en un libro obligatorio, y ya con eso se les figura a todos que queda validado como verdad. Sin embargo eran meras especulaciones, y él sin saberlo quizás y sin quererlo está transitando desde ser un científico hasta el de un pseudocientífico, pues como llamar verdadera ciencia a lo que acabamos de describir, porque la verdadera ciencia es maravillosa, juiciosa, pertinente y acertada, además sencilla, conoce su lugar y sabe que sólo es parte integrante de un todo del que sólo forma una pequeñísima parte una vez ya enmarcada en el cuadro del conocimiento humano general hasta ahora logrado, o ¿es que ya llegamos a la totalidad de lo que se puede conocer? Quizás apenas estemos empezando, como lo sugiere la aceleración tecnológica vertiginosa de los últimos años. No sé que grado de veracidad alcance mi observación, pero bien puede ser válida si muchos otros la han percibido así. (Alvaro Fernández S.)

domingo, 5 de junio de 2016

"Si Amar lo Extraordinario Fuera Mérito del Amor"... KIERKEGAARD Sören, Las Obras del Amor

“A saber, el amor al prójimo posee las perfecciones de la eternidad. ¿Acaso es una perfección del amor el que su objeto sea lo excelente, lo fuera de serie, lo único? Yo pensaba que eso era una perfección del objeto, y esta perfección del objeto, como una sutil sospecha en contra de la perfección del amor. ¿Acaso es una peculiaridad excelente de tu amor el que sólo pueda amar lo extraordinario y lo poco frecuente? Yo creía que era un mérito de lo extraordinario y de lo poco frecuente lo que hacía que ellos fueran lo extraordinario y lo poco frecuente, pero no del amor. ¿O no eres también de la misma opinión? Pues no has meditado nunca en el amor de Dios; porque si amar lo extraordinario fuera mérito del amor mismo, entonces, atreviéndome a hablar así, Dios estaría en un aprieto, ya que para él no existe lo extraordinario en absoluto. Por tanto, el mérito de que sólo se pueda amar lo extraordinario representa más bien una acusación no contra lo extraordinario, ni tampoco contra el amor, sino contra aquel amor que sólo puede amar lo extraordinario. O ¿acaso es un mérito de la cuidada salud de un ser humano el que éste sólo se sienta a gusto en un único lugar del mundo, rodeado de todo favor? ¿Qué es lo que alabas cuando ves a un ser humano que se ha organizado así la vida? Desde luego que alabas las comodidades de la disposición. Pero ¿no te has fijado en que, verdaderamente, cada palabra de tu panegírico acerca de este esplendor realmente suena a burla al referirse a ese pobre diablo, que sólo puede vivir en este magnífico entorno? Por tanto, la perfección del objeto no es la perfección del amor. Y precisamente porque el prójimo no tiene ninguna de esas perfecciones que el amado, el amigo, el admirado, el cultivado, el poco frecuente y el extraordinario, tienen en tan alto grado, precisamente por eso el amor al prójimo tiene todas las perfecciones que el amor al amado, al amigo, al cultivado, al admirado, al poco frecuente y al extraordinario no tiene. Que el mundo discuta entonces todo lo que quiera acerca de cuál es el objeto más perfecto del amor: jamás puede haber discusión acerca de esto: que el amor al prójimo es el amor más perfecto. Todo otro amor tiene, en consecuencia, la siguiente imperfección: que surgen dos cuestiones y con ello también una cierta falsedad. Surge primeramente la cuestión acerca del objeto y a continuación, la cuestión acerca del amor, es decir, que surge la cuestión tanto acerca del objeto como del amor. En cambio, con respecto al amor al prójimo surge sólo una cuestión, acerca del amor, y la eternidad no tiene más que una respuesta, la del amor; ya que este amor al prójimo no se relaciona como una especie con las demás especies de amor. La pasión amorosa se determina por el objeto, la amistad se determina por el objeto; sólo el amor al prójimo se determina por el amor. Es decir, porque el prójimo es cada ser humano, incondicionalmente cada ser humano, entonces toda diversidad queda eliminada del objeto, y por eso cabalmente es cognoscible este amor en que su objeto está libre de toda determinación más detallada por parte de la diversidad, lo cual quiere decir que este amor solamente se conoce por el amor. ¿No es ésta la perfección suprema?” [1]





[1] P91-93

martes, 31 de mayo de 2016

"Predilección...Amor de Sí". Kierkegaard Sören



“El prójimo es lo equitativo. El prójimo no es el amado por quien tienes predilección apasionada, ni tampoco es el amigo por quien tienes predilección apasionada. El prójimo tampoco es, en el caso de que tú mismo seas alguien cultivado, el cultivado, con el que te igualas por la cultura, pues con el prójimo tienes la igualdad del ser humano ante Dios. El prójimo tampoco es uno más distinguido que tú, es decir, no es el prójimo en cuanto más distinguido que tú, pues amarlo en calidad de más distinguido puede muy fácilmente ser predilección y, en consecuencia, amor de sí. El prójimo tampoco es uno inferior a ti, es decir, que en cuanto inferior a ti no es el prójimo, pues amar a uno en calidad de inferior a ti puede muy fácilmente ser condescendencia de la predilección y, por tanto, amor de sí. No; amar al prójimo es equidad. Resulta alentador que en tu relación con el distinguido hayas de amar en él a tu prójimo; es humillante que en tu relación con el inferior no tengas que amar en él al inferior, sino que hayas de amar al prójimo; es salvífico si lo haces, puesto que has de hacerlo. El prójimo es cada ser humano; ya que en la diversidad no es tu prójimo, ni tampoco en la igualdad contigo dentro de la diversidad con respecto a otros seres humanos. Es tu prójimo en la igualdad contigo ante Dios. Mas esta igualdad la tiene incondicionalmente cada ser humano y la tiene de manera incondicional.”[1]  




[1] Pag. 85

sábado, 21 de mayo de 2016

"El Amor Inmediato Puede...Trocarse...en Odio" KIERKEGAARD, Sören, Las Obras del Amor



“El amor inmediato puede cambiar en sí mismo, puede trocarse en su contrario, en odio. Odio es un amor que se ha convertido en su contrario, es un amor que se ha hundido. Allá abajo en el fondo, el amor continúa ardiendo, pero con la llama del odio; y solamente cuando el amor se haya consumido, sólo entonces se apagará también la llama del odio. Como ha quedado dicho acerca de la lengua, que «es la misma lengua con la que bendecimos y maldecimos»[1], así también se ha de afirmar que es el mismo amor el que ama y odia; y cabalmente, por ser el mismo amor, no es el auténtico en el sentido de la eternidad, el que permanece el mismo sin cambiar, sino que aquel inmediato, cuando ha cambiado, en el fondo es el mismo. El amor auténtico, el amor que, convirtiéndose en deber, sufrió el cambio de la eternidad, no varía jamás, es sencillo, ama y nunca odia, nunca odia al amado. Podría parecer que aquel amor inmediato es el más fuerte, por ser capaz de hacer el doble, porque puede tanto amar como odiar; podría parecer que tiene un poder completamente distinto sobre su objeto, cuando dice: «Si no me amas, entonces te odiaré»; mas todo esto no es sino una alucinación. Porque ¿es la mutabilidad un poder más fuerte que la inmutabilidad?; y ¿quién es el más fuerte, el que dice: «Si no me amas, entonces te odiaré»; o aquel que dice: «Aunque me odies, yo seguiré amándote»? Desde luego, es estremecedor y espantoso que el amor se trueque en odio, pero ¿para quién propiamente es espantoso?, ¿acaso no lo es para el interesado mismo, a quien le aconteció que su amor se trocó en odio?”[2]




[1] Stg. 3:5-10
[2] pgs. 55-56